La filosofía de la Universidad de Tijuana sustenta el proporcionar un servicio de excelencia educativa a la sociedad, a través de un modelo pedagógico que promueve la formación analítica y crítica de los estudiantes, con compromiso social y liderazgo.
El espíritu de sus principios queda plasmado en las declaraciones de misión, visión y valores, así como en las posturas filosófica, epistemológica y psicopedagógica, mismas que son descritas a continuación:
Misión
Somos una Institución de Educación Superior de orientación multicultural e interdisciplinaria, generadora y promotora de conocimientos y cultura que, a través de un modelo educativo alternativo e innovador, contribuye a la formación integral de profesionales críticos y ciudadanos libres, responsables y comprometidos con el desarrollo social y sostenible.
Visión
La Universidad de Tijuana, acreditada por sus altos estándares de calidad, es una institución de Educación Superior de excelencia educativa, líder en los procesos de transformación y desarrollo social y cultural y en la generación de conocimientos, con un claustro de científicos y académicos de prestigio internacional, formadora de profesionales exitosos, transformadores y responsables.
Valores Institucionales
• Compromiso Social
• Respeto a la Diversidad
• Honestidad Científica y Moral
• Sentido de Pertenencia e Identidad
• Actitud Crítica y Reflexiva
• Responsabilidad
• Solidaridad
• Justicia
• Democracia
Postura Filosófica
La filosofía que inspira y guía la gestión institucional, parte de una premisa de corte humanista y crítico-social. Se reconoce la capacidad creadora y propositiva del ser humano, en virtud de ello, se asume como una necesidad prioritaria del quehacer educativo el resignificar su dignidad y la recuperación de la confianza en él como una condición para trascender las múltiples limitaciones que el panorama social actual ofrece y que se caracteriza por un entorno de complejidades e incertidumbres.
Es preciso reconocer que los procesos históricos han condicionado que la preparación que obtienen los estudiantes durante su escolaridad tiende a estar más vinculada a las exigencias laborales que a la formación de seres humanos íntegros, de ahí que el imperativo para las instituciones educativas sea el promover con suficiencia los valores humanísticos orientados a la formación de personas libres, solidarias, de pensamiento democrático y con una sólida formación ética.
Asimismo, se asume que la educación como proceso social, está vinculada en sus propósitos y acciones a un contexto histórico y social. En relación a esta premisa, se comparten preocupaciones de autores instalados en la perspectiva de la pedagogía crítica, en cuanto a concebir la educación como un proceso social que debe promover acciones encaminadas a la transformación de la realidad, con el propósito de construir un mundo menos injusto y más humano.
Consecuentes con esta concepción de dependencia espacio-temporal de los fenómenos sociales, se reconoce que la educación no puede ser ajena a los efectos formativos que la propia contemporaneidad impone a las nuevas generaciones, como tampoco puede ser ajena a la extraordinaria rapidez de variación que se registra en la actualidad, por lo tanto debe, corresponder de manera importante a la atención y solución de los problemas a que se enfrenta una nación, como es el caso de México.
Los pronunciamientos referidos a la misión y visión, enfatizan el compromiso institucional y confieren claridad axiológica acerca de los senderos por los que se deben dirigir las acciones, no obstante, se considera que es preciso contar con principios puntuales, que mantengan a la vanguardia a esta institución educativa y permitan llevar a sus educandos y futuros profesionistas hacia el desarrollo pleno de las tres dimensiones de la educación: la ética/cultural, la científica/tecnológica y la económica/social. La interrelación de estas dimensiones los conducirá a plantearse y actuar como ciudadanos conscientes y responsables en el presente siglo.
Las acepciones de tipo filosófico-educativo, hayan sentido a partir de clarificar la forma en que pueden objetivarse precisamente en la práctica educativa, en virtud de esto, se considera nodal el establecimiento de ejes o líneas de acción que guíen y articulen el quehacer educativo y que se incorporen de manera transversal al currículo. Razón por la cual los ejes articuladores que guían la gestión escolar de la Universidad de Tijuana son:
El propósito es formar a un profesional cuya práctica se fundamente en la honestidad y el respeto a los más altos valores ciudadanos, y esté preparado para la convivencia en la aldea global, en un contexto multicultural diverso, y luche porque se respeten las diferencias.
Un profesionista que asuma la globalización y los procesos tecnológicos actuales de una manera crítica y autocrítica para aprovechar sus ventajas, pero que esté preparado para no convertirse en un ser alienado por la tecnología.
Así mismo que ponga su empeño en el rescate de la identidad nacional amenazada por las tendencias culturalmente homogeneizantes de la globalidad.
Un profesional con un alto espíritu creativo y emprendedor acostumbrado y preparado para la solución de problemas, que asume con éxito los retos de situaciones disfuncionales.
Es evidente que estas actitudes y valores permean la totalidad de la reforma curricular; están presentes en el currículo formal, y de manera obligada en el currículo oculto del contexto institucional en el que el estudiante se prepara. En este sentido el impacto de la docencia es determinante, por lo que el éxito de la Reforma Académica descansa sobre la base de la correcta socialización de estas premisas y de su impostergable asunción por parte de los profesores y toda la comunidad académica de la Universidad de Tijuana.
Postura Epistemológica
Tal y como se expuso anteriormente, desde el punto de vista filosófico, el nuevo paradigma de la educación, postula que ella debe permitir el análisis sociocultural existente en el contexto internacional reconociendo la oportunidad de intervenir positivamente en condiciones que auguren la realización humana, así como responder a las demandas del entorno y no sólo a sus concepciones internas sobre la generación y difusión del saber.
Por tanto, se asume un posicionamiento epistemológico, partiendo de la premisa de que todo objeto de estudio se encuentra inmerso en una totalidad múltiple, dinámica y compleja, que requiere atención a la interrelación entre la pluralidad de elementos de que está compuesta y que por lo mismo su comprensión requiere de una perspectiva basada en la flexibilidad teórica y metodológica, así como la apertura al trabajo colectivo y a la interdisciplinariedad que evita la atomización del saber.
Elementos que ponen en evidencia la construcción epistémica de conocimiento guiado por los paradigmas del pensamiento complejo el cual encuentra sustento en la realidad actual, estableciendo el discurso epistemológico en la necesidad primordial por construir conocimientos en el transitar de una forma tradicional a una donde se considera la totalidad de interacciones que genera la sociedad, aceptando el reto de la incertidumbre.
Por ende se caracteriza a la ciencia desde la dinámica no lineal, comprendiendo al mundo desde su conjunto y tratando de entender las nuevas formas de cognición humana, pues el conocimiento debe superar el reduccionismo no solo desde consideraciones holistas emergentes del pensamiento sistémico, sino más bien desde la transdisciplinariedad - interdisciplinariedad como dualidad inevitable que permita el acceso al conocimiento desde lo complejo.
En pocas palabras, el aprendizaje continuo que favorece la comunidad escolar, circunscribe las razones epistemológicas descritas, facilitando al sujeto interactuar de manera interdisciplinaria y con visiones integrales de la realidad a través de habilidades cognitivas y meta cognitivas como experiencias previas que promueven la construcción de aprendizajes.
Postura Psicopedagógica
Formar individuos capaces de aprender a pensar, (aprender a aprender) que se auto-enriquezcan con estructuras, esquemas y operaciones mentales internas que les permitan pensar, resolver y decidir con éxito situaciones académicas y vivenciales, (aprender a hacer) resulta el punto de arribo cuando una perspectiva educativa se instala desde los referentes teóricos constructivistas y es precisamente éste el referente psicopedagógico del modelo educativo de la Universidad de Tijuana. Se asume que el aprendizaje y la enseñanza son procesos interactivos inseparables, y en consecuencia, incomprensibles si ambos no se analizan conjuntamente. Desde esta perspectiva se concibe el aprendizaje como un proceso de construcción de significados y atribución de sentidos, y la enseñanza como la ayuda necesaria para que este proceso se produzca en la dirección deseada.
En virtud de lo anterior y con la finalidad de conceptualizar a los diversos componentes del proceso de enseñanza-aprendizaje, es preciso situarse en los referentes teóricos del posicionamiento psicológico y destacar como marco obligado el aprendizaje significativo que sostiene que el aprendizaje en el alumno ocurre cuando la estructura cognitiva previa se relaciona con la nueva información, entendiendo por estructura cognitiva al conjunto de conceptos, ideas que un individuo posee en un determinado campo de conocimiento, así como su organización. Por consiguiente, los esfuerzos pedagógicos se orientan hacia la comprensión, valoración y expresión de los contenidos temáticos y hacia la capacidad para resolver problemas.
Desde esta perspectiva, la tarea docente consiste en provocar la actividad mental de los alumnos hacia la construcción de nuevos conocimientos, movilizar los esquemas de conocimiento que ya poseen, hacia la consolidación del andamiaje necesario para posteriores y más complejos desarrollos.
El rol que asume el docente en este proceso, es el de máximo responsable de la conducción del proceso enseñanza-aprendizaje, a la vez que facilitador, mediador académico, entre las necesidades de los alumnos y el logro de los objetivos educativos planteados, así como del desarrollo de etapas superiores a nivel intelectual.
El componente “actividades de aprendizaje, métodos y recursos pedagógicos”, son los mecanismos técnico - simbólicos que ponen de manifiesto las relaciones inter e intra personales de los alumnos bajo principios psicopedagógicos descritos anteriormente.
Es importante puntualizar que aún cuando bajo un modelo centrado en el aprendizaje el principal protagonista del proceso enseñanza-aprendizaje es precisamente el alumno, la tarea de enseñar por parte del docente de ninguna manera se relega a un segundo plano, por el contrario, sigue siendo fundamental, pues enseñar no se reduce a mostrar o a repetir de manera mecánica y acrítica, supone el dominio de las nuevas estrategias pedagógicas que promuevan aprendizajes significativos.
Por otro lado el componente “evaluación” se asume como una etapa del proceso enseñanza-aprendizaje, que trasciende la tradicional perspectiva conductual de medir el logro de los aprendizajes por parte de los alumnos, al tiempo que supone una valoración del proceso en su conjunto, es decir; una valoración y reorientación permanente por parte del docente, máximo responsable de la conducción del proceso educativo y facilitador de las actividades de enseñanza-aprendizaje promovidas.
En resumen, la evaluación se asume desde la perspectiva de la función pedagógica y social que debe cumplir, como un proceso de etapas sistematizadas y progresivas que por una parte guía el proceso enseñanza-aprendizaje y por otra da cuenta del grado de de logro de los objetivos propuestos con fines de acreditación.