Además de ser académico de la licenciatura en Derecho de la Universidad de Tijuana, el abogado Fidel Gómez Ponce está siempre preparado para ir al rescate en caso de siniestros.
El profesor es además comandante del grupo de Rescate Águilas, en el que se encarga del entrenamiento de perros especializados en intervenciones para salvar personas en edificios colapsados.
“En Tijuana no estamos preparados para cuando desastres, no estamos listos para un terremoto como el de Mexicali; si se colapsara un pequeño complejo habitacional, por ejemplo, necesitaríamos dos días para que un perro pueda buscar en todo el escombro de tan solo ese edificio y sólo tenemos a cuatro animales en toda la ciudad”, afirma Fidel Gómez Ponce.
Krizzy es su perra, tiene once años, es raza pastor australiano, bastante sociable y juguetona, compañera inseparable del abogado y rescatista.
Ella siempre está conmigo, por cualquier cosa que suceda, un perro para un rescatista, es como el arma personal que cargan los policías”, sostiene.
Un juguete en forma de vara es lo más deseado por la perra, le entusiasma particularmente y según el comandante Gómez, es el refuerzo positivo que tiene en mente para buscar cuerpos en los escombros, inundaciones y amplias áreas de la sierra con personas desaparecidas.
En otras palabras, rescatar para Krizzy es un juego, ella cree que en el cuerpo encontrará su juguete, lo que significa celebrar y premiar.
Las órdenes que entiende pueden ser emitidas como señas, mediante palabras o silbidos, cosa que aprendió a hacer desde que era una cachorra en la National Disaster Search Dog Fundation de San Francisco, en un periodo de seis meses de entrenamiento, pero seguido un constante y permanente reforzamiento de su entrenador.
“Cuando queremos ser entrenadores, debemos empezar siendo supuestas víctimas debajo de los escombros”, manifiesta Fidel Gómez.
Además de Krizzy, los otros tres perros rescatistas son Jazz (un golden retriever), Tinker (border collie) y Jezzy (labrador).
Ellos son perros de razas que son amigables y sociables, por la naturaleza de su labor, según Fidel Gómez, contrario a los perros que son usados para encontrar drogas, que presentan una actitud más huraña y agresiva.
Los cuatro perros rescatistas que hay en Tijuana coinciden además en su edad, ya que pasan de los 10 años, lo que significa en tiempo de una próxima jubilación que implicará el entrenamiento de perros nuevos para la ciudad.
Son además los únicos canes de rescate de emergencia certificados ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El tipo de labor que más se les presenta en Tijuana, es en el rescate de familias durante las constantes inundaciones en zonas con viviendas irregulares y en los derrumbes de casas abandonadas por sus dueños originales que son usadas posteriormente por vagabundos y adictos.
Se han dedicado al trabajo de rescate de inmigrantes en la sierra, bardas colapsadas en edificios mal construidos y deslices de tierra en fraccionamientos.
Sin embargo también han participado como apoyo en situaciones como el terremoto de Mexicali el 4 de abril de 2009, en el que apoyaron en la detección de posibles personas atrapadas en los escasos edificios de más de dos pisos que tiene esa ciudad.
En cuestión de horas estuvieron listos para acudir a Haití luego del terremoto que sufrió el país a principios de ese mismo año, sin embargo apareció el peor enemigo de los equipos de rescate: la burocracia gubernamental, ya que la Secretaría de Gobernación les dio la autorización y el recurso hasta pasados varios días de haberlo solicitado, lo que ya era demasiado tarde.
La ventaja de los perros en la búsqueda, es que tienen una capacidad de olfato en un rango de 200 metros cuadrados.
Pueden ubicar en minutos a un ser humano por su aroma, sin necesidad de que emita ningún sonido.
Los entrenadores de los rescatistas, son por vocación, no por sueldo y deben estar cerca de su animal las 24 horas del día, los 365 días del año, lo que les genera además una fuerte amistad que es evidente.